En una persona normal el Cerebro pesa del orden de 1,45 kg, en el hombre y 1,35 kg en la mujer, de menor tamaño medio. Su aspecto se parece al de media nuez. La parte superficial, escasamente los tres milímetros superiores, es la más activa. Su forma arrugada, con ondulaciones, le permite albergar una superficie máxima en el volumen limitado de que dispone.
Con apenas un dos por ciento de la masa corporal consume del orden del 25 por ciento del oxígeno que inhalamos y el 25 por ciento de la glucosa que ingerimos. Eso ya da una idea de su impresionante actividad.
Según Aristóteles su función era refrigerar la sangre. Dada su enorme autoridad intelectual, nadie se atrevió a discutirlo hasta hace muy poco.
Con las técnicas de neuroimagen no invasivas actuales lo estamos empezando a conocer. Es el centro de mando de todo el organismo. Controla y gestiona los pensamientos, las emociones, los instintos, las habilidades, la personalidad, el sentido del humor…; el comportamiento, en suma. Un golpe en la cabeza, con la consiguiente sacudida en el cerebro, o un ictus cerebral, nos priva de la consciencia, de la capacidad de actuar o de pensar. Una lesión supone, casi siempre, la muerte, o graves incapacidades. Lo rige todo, desde el movimiento a la visión, desde el pensamiento hasta el sexo.